No sé en cuantas charlas sobre Dinero y conciencia habré participado hasta hoy. Tantas que, a veces, mis compañeros de Triodos Bank me dicen que podría levantar un poco el pie del acelerador. Me comentan que también llegaría a mucha gente y sería capaz de difundir la idea de que podemos hacer mucho por el mundo usando nuestro dinero de otra manera a través de este blog. O de las entrevistas que me realizan los medios de comunicación. Así descansaría un poco de los viajes, y también escucharía menos la broma de que soy el Phileas o Willy Fogg de la banca ética… que no deja de tener su gracia.

No diré aquí que mis colegas no tengan alguna parte de razón, porque mi propósito es distinto a acumular kilómetros recorridos. Pero, que me disculpen, solo tienen parte. Lo que más me motiva en esta vida y este trabajo es hablar con la gente, el cara a cara. Pienso que así es como se aprende de los demás.

En las charlas, cuando veo la preocupación que tienen muchas personas por entender qué pasa con la crisis, de quién es o no es la culpa, encuentro una respuesta en el mismo lugar donde estoy: aquí no hay casi nadie que sea muy bueno o muy malo. Basta con mirar a los ojos al público diverso que viene a interesarse por la banca ética; profesionales, personas en desempleo y con la lógica angustia, exempleados de banca convencional descontentos con la forma en qué se han estado haciendo las cosas, empresarios… Todos, como suelo decir, somos parte del problema y de la solución. Se hace evidente al mirarnos y hablar.

En estos encuentros, cuando me expresan su mezcla de ilusión y de escepticismo ante la oportunidad de cambiar las cosas, cuando me dicen que a su familiar o a su vecino les suena a chino lo de consumir y de ahorrar de forma más responsable y que no, que no les vamos a convencer, en ese momento y en ese lugar puedo hacerles ver lo que me han enseñado otras personas.

Claro que podemos convencerles. Si hay gente que ha conseguido cosas mucho más difíciles, como crear empleo para aquellos a los que no querían en casi ningún lugar, por un problema personal o una discapacidad, levantando admirables centros especiales de empleo o empresas de inserción, por citar un ejemplo, nosotros también podemos. Todos podemos hacer algo, grande o pequeño.

También en las conferencias, me doy cuenta de una tercera cosa. En general, tendemos a pensar que hay gente que sí que lo puede todo. Creemos que algunas personas con gran responsabilidad son los que en realidad mueven los hilos, que cambiarían el mundo de un plumazo si se lo propusiesen. En mi modesta opinión y experiencia, no es así. Ellos van por detrás de nosotros. Envolverán con bonitas palabras sus supuestos logros y disimularán lo mejor que puedan los tropiezos, pero es la sociedad la que va por delante, la que se acerca al precipicio o aporta nuevas ideas y oportunidades. Ellos, en muchas ocasiones, solo constatan lo que está pasando o le ponen una firma al final.

Lo que he aprendido de la gente es, sobre todo, el poder que tiene cuando toma conciencia de que lo tiene, se lo cree y actúa.