Existen diccionarios de muchas clases, algunos especialmente curiosos  y preciados. Uno que he tenido oportunidad de conocer hace poco es el diccionario de valoresque confeccionan número a número, a partir de artículos y entrevistas dedicadas a una actitud positiva concreta, desde la revista Valors.

He de reconocer que me ha sorprendido y tambiénalegrado que, entre otras personas, hayan recurrido a un profesional del sector bancario para participar en el número sobre la honestidad, a través de esta entrevista.

Me da pie a remarcar que todos, independientemente del lugar que ocupemos en la vida, podemos ser honestos, o no. En primer lugar, es necesario empezar por serlo con nosotros mismos, preguntándonos a qué creemos que merece la pena dedicar la vida, qué estamos haciendo realmente y cómo podemos cambiar, porque siempre podemos cambiar y mejorar. Esto es innato al ser humano y por ello no debemos aceptar que nadie nos diga que no podemos modificar el curso de nuestras acciones. ¡Eso será si yo quiero!

Personalmente, todavía no soy quien me gustaría ser, y por eso me esfuerzo cada día, dialogando e intentando aprender de los demás; esta es la única forma que creo válida, y estoy convencido de que de esta manera, con este esfuerzo cotidiano, es como uno puede  acabar siendo feliz y aportar algo de valor a la sociedad. Pero, como señala sin duda con mayor precisión Natàlia Pla, doctora en Filosofía que participa en el mismo monográfico sobre la honestidad, no es una cuestión de heroicidad. “La honestidad tiene que ver con la transparencia (…) la persona honesta es la que se muestra a los demás sin esconder sus limitaciones, ni disfrazarlas de falsas habilidades o calidades, ni ocultar o falsear las que tiene”. Escribe también, y me parece especialmente relevante, que “la honestidad es una pre-condición para la confianza“.

Quisiera terminar estas líneas aprovechando para destacar la importancia de iniciativas como la revista Valors, que nos ayudan a detenernos un momento ante las inercias cotidianas que no nos permiten ser nosotros mismos. Frenar para poder observar con atención y dar valor a aquello que de verdad nos importa, a lo que tiene valor real.