Creo que es la primera tarea de todos, sin la que nada es posible. Hay que vencer la continua tentación de resignarse, la que nos asalta casi a diario estos días de noticias chocantes. ¿No es justo ahora, cuando tantas cosas están mal, el momento en que más falta hace moverse?

Esta, la lucha contra el virus de la decepción y la enfermedad de la pasividad, es una lucha anterior a cualquier otra. Y hoy me gustaría destacar una de las mil formas de implicarse en ella, una que pienso que tiene un valor único: el puerta a puerta, el persona a persona. El poder de compartir la experiencia y las ideas de cambio de cada uno con las personas de nuestro entorno, como ciudadanos activos.

Yo tengo la fortuna, gracias a mi dedicación profesional, de encontrarme y de conocer a muchas personas. Como esta misma semana cuando -dentro de la labor de concienciación de la Fundación Triodos en favor de un uso más responsable del dinero, eso que puede cambiar tantas cosas de forma contante y sonante- tendré oportunidad de acudir a dos ciudades para seguir trabajando en esta tarea: dar ánimos con alternativas.

Hoy miércoles, a las 19 horas, estaré en Pamplona, en unaponencia sobre Dinero y conciencia con entrada libre en el Colegio de Médicos (Avenida Baja Navarra, 47), accesible a personas con discapacidad auditiva.

Y este viernes también tendré oportunidad de ofrecer otra charla sobre la importancia del dinero con valores, y qué podemos hacer cada uno de nosotros, pero esta vez en la feria de productos ecológicos y consumo responsable de referencia en España, BioCultura. Será en Bilbao, donde tiene lugar por primera vez una edición de este evento (18:00 horas, Sala 1 A de Feria Bilbao, Bilbao Exhibition Centre).

El sábado, aparte de las charlas mencionadas con coorganización de Fundación Triodos, me han invitado a estar en el I Congreso Un mundo una conciencia, en Barcelona, donde contribuiré con una ponencia sobre la necesidad de una conciencia global para una economía global.

Quisiera dar las gracias de antemano a los asistentes a estas y otras actividades en diferentes ciudades. Pero tampoco me quiero olvidar aquí de todos aquellos que, en su vida diaria, intentan levantar el ánimo de los demás y abrirles horizontes de cambio. Gracias a todas las personas que se dirigen a los que, humanamente, se decepcionan y se desactivan, pero sin los que no podremos mejorar este mundo. Todos ellos lo saben, el mejor remedio contra la desesperanza es actuar.