Algunas preguntas nos incomodan. Nos sacan de eso que los psicólogos llaman nuestra zona de confort y la tentación inmediata es volverse, mirar hacia atrás para ver si hay alguien cerca que pueda contestar. Con un poco de suerte, la cuestión no iba para nosotros.

Hace unas pocas semanas participé en un evento que, por su nombre, se diría que solo concierne a algunos, en concreto los directivos de organizaciones. Me refiero al encuentro de Empresas con valores, que organizó Triodos Bank el pasado 22 de enero y en el que se compartieron ideas sobre cómo hacer negocios con éxito y con responsabilidad.

David Escamilla, periodista y presentador del coloquio en el que participé junto a Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo, planteó una pregunta fundamental y de esas que son para todo el mundo, porque cada cual debería pensarla por sí mismo y encontrar su propia respuesta.

¿Qué es la ética? Concluimos, en aquel debate, que no es otra cosa que hacerse preguntas. No hay una fórmula matemática que determine qué empresa es ética, pero si esta lo quiere ser tendrá que preguntarse cómo está afectando a sus proveedores, a los clientes, a sus empleados, al medio ambiente y al conjunto de la sociedad.

Personas o empresas, somos éticos cuando nos responsabilizamos de lo que hacemos y nos preguntamos cómo podemos mejorar el impacto que, de forma inevitable, tenemos a nuestro alrededor. Hay un refrán que dice: la calle estaría limpia si cada cual barriera su trozo de acera. ¿Cuál es el trozo de acera de tu empresa? ¿Y el tuyo como ciudadano? Eso hay que ser capaz de verlo y también de asumirlo.

Hoy todos y cada uno, lo queramos o no, estamos en un combate. Sin ánimo de simplificar más de la cuenta, se pueden identificar al menos dos modelos de sociedad y de ser humano contrapuestos. El de la especulación y el beneficio por el beneficio, que avanza por inercia, y el de las personas y empresas de la economía real que quieren actuar con valores y que se plantean su existencia como una oportunidad para la transformación social, no solo para la supervivencia.

Como comentamos en el evento de Triodos Bank, es cierto que en el camino hacia la empresas con valores hay algunos que actúan con más sinceridad y otros más por moda o por fachada. Pero estoy convencido de que llegará el momento en que las empresas que no sean auténticas no funcionarán, porque las personas no les permitirán que, por ejemplo, no sean transparentes de verdad y utilicen este concepto como simple marketing. Dicho muy llanamente, se les verá el plumero.

Ante la eterna excusa del mercado que todo lo dicta y lo puede, estamos cambiando ese mercado. Cuando empezó la alimentación ecológica, por ejemplo, era cosas de unos pocos idealistas; pues ha crecido muchísimo desde entonces, y así con muchas otras actividades y maneras diferentes de trabajar, hacer negocios y vivir.

Ya somos muchos más de los que algunos desearían o reconocen, el problema es que aún nos falta algo fundamental, que es conectar. Es época de grandes alianzas sociales, de movilizar a todos los que desde el ámbito personal y profesional nos preocupa lo que ocurre en el mundo y nos hacemos preguntas y, sobre todo, de unir fuerzas para decantar definitivamente la balanza.

Con tu consumo, con tu comportamiento, con tu empresa, ¿también te sumas a dar el empujón decisivo a una economía más humana?