Carme está preocupada. “Quiero ver en qué invierte mi dinero el banco”, le explica a su familia. No todos la entienden e incluso alguno cree que desvaría. ¿Por qué no te preocupas menos por los demás y más por ti misma, que es lo que necesitas?, le dicen seguramente con toda la buena voluntad.

Carme no se conforma, no quiere ver cómo las cosas siguen igual a su alrededor, y sigue compartiendo su inquietud con las personas que aprecia. Hasta que un día, incluso su marido, un hombre de negocios inicialmente muy poco receptivo,  acaba entendiéndola y dando su brazo a torcer. Se da cuenta de que lo que le dice Carme es una de esas cosas buenas por conocer que merecen, como mínimo, una oportunidad en esta vida. Se abrirá una cuenta en una entidad de banca ética.

Son solo algunos pasajes de la serie diaria La Riera, de TV3, que no va precisamente sobre banca con valores o ahorro responsable, sino sobre una familia que tiene un pequeño restaurante en un pueblo costero cercano a Barcelona. En medio de las alegrías y los sinvivir cotidianos, aparece la que poco a poco se convierte en una pregunta corriente en la vida de muchas personas: ¿Qué hace el banco con mi dinero?

Hace muy poco tiempo nadie se lo planteaba. Siempre digo que las personas que entraban en la oficina de la entidad tradicional en la que trabajé durante años casi nunca me preguntaron algo que no tuviese que ver con intereses, sartenes o vajillas. Era normal, apenas había información sobre cómo funciona la banca y las alternativas posibles. Ahora, el concepto de banca transparente y con valores y también el trabajo de la entidad europea de referencia, Triodos Bank, están por fin en la calle y hasta se cuelan en una serie televisiva que refleja aspectos de la vida cotidiana. No hace falta explicar la sorpresa que me dieron cuando me lo contaron, ¡banca ética en la trama de una serie de televisión! Al principio no me lo creía pero, viéndolo desde cierta perspectiva, esto solo deja de manifiesto el poder de las ideas de cambio cuando nos comprometemos con ellas.

Me hace pensar en las anécdotas de tantas personas que experimentan la curiosidad de los demás al pagar con la tarjeta de Triodos Bank. Y también en los datos de la encuesta a clientes del banco. El boca a boca es la principal forma en que los clientes han conocido la entidad (42 %), muy por encima de otras maneras de entrar en contacto con nosotros, como los medios de comunicación.

Como escribía antes en este blog, creo que esto tiene mucho que ver con que, al final, la mejor forma de convencer a los demás es no convencerlos. Si emprendiésemos una gran campaña publicitaria, además de que sería difícil de contar con suficientes recursos para ello, ¿despertaríamos la conciencia de muchas más personas? No lo sé, porque no soy experto en el tema. Pero, seguramente, la mejor tarea de difusión de esta opción real de ahorrar de otra manera la están haciendo las personas que actúan y comparten su experiencia de ahorro responsable.

¿Qué es más contagioso que nuestra satisfacción al saber que nuestros ahorros están, finalmente, en la misma dirección que nuestros valores? No todo son malas noticias. Cada vez hay más personas que conocen esta sensación de tranquilidad, de feliz normalidad. La banca con valores está en la calle.