“Si la gente entendiese cómo funciona nuestro sistema financiero, creo que habría una revolución antes de mañana”, atribuyen al industrial americano y pionero de la gran industria del automóvil Henry Ford.

Yo me quedo con la primera parte de la frase, “si la gente entendiese”, porque creo que eso es lo fundamental: una mayor conciencia colectiva, que más personas descubran lo que hay detrás del telón.

No puede ser que, con todo lo que ya hemos visto, aún nos dejemos convencer y vencer por juegos de manos comerciales, porque esto no deja de ser una derrota de nuestros principios como personas. Por abrir cuenta o domiciliar la nómina, la cubertería del siglo XXI es una tableta, lo que representa una cierta sofisticación del sistema, o una promesa de X tipos de interés o 0 comisiones, clásicos; pero esto no deja de ser más de lo mismo.

Aún se lee y se escucha que un banco es o deja de ser ético porque cobra o deja de cobrar determinada comisión o porque sus anuncios son diferentes… y, en demasiados casos, los árboles no nos dejan aún ver el bosque de un sistema financiero que afecta a nuestras vidas muchísimo más de lo que pensamos.

El bosque es qué hace ese banco con mi dinero: ¿siembra futuro o lo deja caer por una ruleta que juega con el futuro de otras personas? De nuestras decisiones depende cómo va a ser la sociedad y también, por qué no decirlo, qué va a ocurrir con los ahorros que tanto nos ha costado ganar.

Creo que es hora de ser directos, pueda gustar menos o más, y hay que decir que faltan toneladas de conciencia sobre el combate de modelos de economía robótica o humana en el que todos estamos inmersos, lo queramos o no. Pero hoy también hay menos razones que nunca para los derrotismos. Empiezan a abrirse, voluntariamente o por necesidad, algunas puertas y ventanas en el sector bancario y la gente ya no es tan crédula ni ignora los daños colaterales de prácticas como la falta de transparencia o la especulación financiera.

Superar el síndrome de Estocolmo

Se empieza a hablar de lo fundamental. El pasado 15 de marzo, por ejemplo, Salvados volvía a dedicar un programa a las finanzas y a si los valores cuentan o no, bajo el título “Hagan Juego”. ¿Cómo se ha permitido, entre todos, que exista esta economía de casino? Los millones de personas que ven este programa pudieron pensar sobre esta cuestión que, en general y pese a la infinidad de conversaciones sobre la crisis, suele pasar de puntillas. Me pregunto cuanta gente, después de ver el programa decidió hacer un cambio en su vida, y cuánta se quedó hipnotizada y resignada como siempre, afectada por el síndrome de Estocolmo aplicado a la banca.

Hoy existen alternativas tan solventes como la banca ética que, con hechos y de forma contante y sonante, están siendo una opción real para miles de personas y empresas que quieren dar un paso adelante consciente y apoyar solo la economía real. No es una odisea, se llama banca ética y avanza pasito a pasito en todo el mundo. Un ejemplo es el de Triodos Bank, diciendo desde el principio en qué se invierte el dinero de sus clientes y haciéndolo a partir de criterios públicos de impacto social, no solo de rentabilidad. ¿Y no es eso ya una pequeña revolución?

Si más gente y organizaciones entienden el sistema financiero, el dinero estará al servicio de las personas y no al revés.