Un viaje de mil millas empieza siempre por un primer paso, dijo hace más de veinte siglos el filósofo Lao Tsé; y no seré yo quien, ahora, le contradiga. Pasar del dicho al hecho, iniciar camino, es lo que tantas veces les falta a nuestros proyectos personales para que sean algo más que ideas o sueños.

Sin embargo, es seguro que cualquier caminante tendrá más fuerzas para emprender su travesía si, antes de empezar, piensa no en el principio sino en el final. En qué es aquello que queremos alcanzar y, sobre todo, por qué es importante para nosotros.

A veces, puede obsesionarnos saber cómo hacer las cosas bien en nuestro trabajo, encontrar ese regalo especial para una persona que queremos, escoger el mejor colegio para nuestros hijos… Hay tantas cosas en el horizonte cercano que es fácil olvidarse de con qué fin las hacemos. Tantas presiones recibimos y nos creamos a nosotros mismos que podemos perder de vista por completo lo que de verdad queremos, incluso actuar contra nosotros mismos y nuestros valores.

Antes de comprar compulsivamente, podemos pensar en elegir algo especial de verdad por su significado y porque se ha hecho con el mismo cuidado y respeto hacia el mundo que nos merece esa persona a quien le hacemos el regalo. Antes de emprender un proyecto empresarial, pensemos en si está conectado con lo que queremos como seres humanos. ¿Seguro que el fin más íntimo de nuestra aventura es que funcione, incluso a costa de otras personas o del entorno?

Estoy convencido de que empezar por el final evita comprometer nuestros valores, pero también incluso nuestra propia eficacia. Si no estamos convencidos, no hacemos las cosas bien, en todos los sentidos de esta palabra.

Hay una pregunta que suelo lanzar a personas que acabo de conocer: ¿qué es para ti la vida? Y no espero menos que sorpresa en su rostro tras preguntarles esto así, a bocajarro. También más de uno me mira como pensando que le quiero provocar, y en cierta manera sí que quiero hacerlo, porque me interesa su reacción.

Casi siempre percibo que, aunque todos hayamos pensado alguna o muchas veces en el sentido de su vida, lo que es casi inevitable, normalmente hace ya bastante tiempo de eso. Les coges con el paso cambiado, inmersos en los miles de pasos concretos del día a día, como si no hiciese falta pensar de vez en cuando en la ruta para no perderse.

En las charlas sobre valores, economía humana y banca ética en las que participo -como la de mañana en Conde Duque, en Madrid, y la de la semana que viene de 5 Talks, en Barcelona- intento que, entre todos, nos replanteemos adónde vamos como personas y cómo sociedad. Desde aspectos concretos -cómo consumimos, trabajamos o nos relacionamos con los demás- que nos definen y nos acaban haciendo felices, o todo lo contrario.

Desde aquí, doy las gracias a todas las personas que estén interesadas en acercarse, poner en pausa a sus ocupaciones y preocupaciones más inminentes, y pensar un poco más en el fin de lo que hacemos.