Aunque no siempre las utilicemos, como seres humanos tenemos unas capacidades asombrosas. Al parecer, podemos almacenar en nuestra mente un volumen de información equivalente a 10 billones de páginas de enciclopedia, según la estimación que daba el desaparecido científico y divulgador Carl Sagan.

Gracias a la memoria, tenemos la capacidad de no tropezar una y otra vez con la misma piedra, como personas y también como sociedad.

Filósofos y sociólogos hablan de que existe una “memoria colectiva” y que, por eso, tras el recuerdo de hechos tan dramáticos como el uso de bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, se hace más difícil que vuelvan a llevarse a cabo comportamientos similares.

Por desgracia, hay sucesos que se repiten una y otra vez sin que, aparentemente, aprendamos. No hay demasiados reparos en decir, como si no hubiese otra salida, que nuestro sistema es económico es cíclico y que las crisis y las burbujas, con sus inevitables damnificados, se repetirán una y otra vez mientras estemos aquí. O que, como un ratón que corre en una rueda, no pararemos de correr sin conseguir movernos del mismo sitio.

No se puede negar que algunas personas siguen creyendo que puede haber “duros a cuatro pesetas”, como se decía antes de los euros. Aún no hemos salido de esta crisis terrible, pero muchos ya han “olvidado” el precio personal y social que puede tener confiar en aquellos que nos lo ofrecen todo sin ningún coste… cuando siempre lo hay y, de lo que se trata, es de ver si es o no justo. Sin ir más lejos, hace poco hemos visto como muchas personas, pensando en principio que estaban optando por una alternativa positiva, invertían y perdían sus fondos en el mercado virtual del “bitcoin”.

Por otro lado, sigue habiendo demasiados empresarios que piensan que la sostenibilidad o la responsabilidad no son más que una estrategia de marketing o una moda, “olvidando” que se han producido cambios irreversibles. La merma de nuestros recursos naturales o un cambio social y tecnológico que hace más difícil esconder vergüenzas y que, por suerte, nos conecta más y facilita la empatía entre seres humanos.

Por eso, y por el compromiso individual de tantos, muchas personas y empresas sí que han aprendido. No solo eso. Se asocian y apoyan mutuamente, como las redes de neuronas que hacen posible la memoria a partir de retazos de recuerdos. Los que recuerdan, los que no se aíslan en su egoísmo individualista, aparte de alentar el progreso de la sociedad, tienen más fuerza y futuro, porque están juntos.

Creo en el avance humano, pero no es por un acto de fe. Sabemos que podemos acumular conocimiento y compartirlo, así que utilicemos nuestras capacidades para mejorar, recordemos de lo que somos capaces.