Felices días para pensar en los demás

Ayer por la tarde, mientras aparcaba el coche en una población cercana a Barcelona, se me acercó un hombre negro y me pidió, en un catalán perfecto, un poco de dinero para comprar pan. Le miré a la cara y vi un rostro despierto, una persona presente con una mirada que me llegaba al interior pero que no recriminaba nada ni se quejaba de nada...