La semana pasada estuve en la cárcel. Suena fuerte, ¿verdad? Y es fuerte. Realmente viví una gran experiencia que me gustaría compartir con vosotros aunque solo sea de palabra.

Trabajar en un banco como Triodos Bank es un verdadero regalo, ya que te permite conocer a gente extraordinaria, personas que dedican su vida a hacer más agradable la de los demás, y que generalmente permanecen en el anonimato. Conozco a muchas personas así, y quizás un día escriba un artículo sobre todas ellas a modo de homenaje, porque su ejemplo nos ayuda a seguir confiando en el ser humano y en sus capacidades, y a mantener viva la esperanza de que otro mundo es posible y que, entre todos, lo vamos a conseguir.

En esta ocasión fueron unos amigos de la Asociación EnVi los que me invitaron a participar en el trabajo de voluntariado que vienen realizando desde hace más de un año en el Centro Penitenciario de Quatre Camins, cerca de Barcelona. Estaban convencidos de que se puede hacer “algo más” por aquellas personas que han cometido delitos.

Los delitos en el fondo no son más que errores, errores que dañan a los demás y a quien los comete, y que resultan muy difíciles de entender y más aún de aceptar. Estos amigos pensaron que la única clave para que un ser humano se dé cuenta de sus errores y esté dispuesto a corregirlos es el desarrollo de la conciencia, y que este desarrollo comienza con la recuperación de la confianza en uno mismo.

Con ese objetivo iniciaron sus actividades en ese Centro Penitenciario el año pasado, introduciendo actividades como relajación, reiki, meditación, espiritualidad y proyectos solidarios pero, sobre todo, aportándoles amor y confianza. Ya han conseguido que un grupo de unas cuarenta o cincuenta personas se involucren en las actividades, con resultados altamente satisfactorios. Hay que resaltar que han contado con la apertura mental y la colaboración de las autoridades que dirigen el centro, cosa que nunca es fácil.

Este grupo de más de 40 internos han podido descubrir que no hay mayor dicha que ser útil a los demás y que la dignidad humana nunca se pierde, por muy graves que sean los actos cometidos. Que lo importante es descubrir el verdadero ser interior y darse cuenta de cómo uno se ha apartado del mismo y se ha dejado seducir por engaños temporales como el alcohol, la droga, el dinero y el consumo. Y que siempre se está a tiempo para corregir los errores y darle un sentido positivo a la vida.

Me he encontrado con un grupo de seres humanos llenos de sensibilidad e interés social, y me he quedado muy sorprendido al ver las expectativas que había generado el anuncio de mi visita al centro. Algunos ya conocían algo de mis actividades en el desarrollo de la banca ética, y lo habían contado a sus compañeros y a algunos de los funcionarios que les cuidan. Asistieron muchos internos, funcionarios y voluntarios que colaboran en el proyecto, y después de que me presentara personalmente y les contara qué es lo que estoy haciendo y por qué lo hago, se abrió un largo coloquio en el que me hicieron muchas preguntas para conocer mejor el funcionamiento y el alcance de la banca ética. Realmente estaban muy interesados, si algo tienen esas personas es que no fingen y te dicen las cosas tal y como las piensan.

También me hicieron preguntas a las que me fue muy difícil contestar, por ejemplo: “¿Cómo es que yo estoy aquí por robar una cantidad moderada a un banco, y a los banqueros que se han llevado millones no les pasa nada?”De ésta y de otras preguntas semejantes tuve que salirme como pude, aunque me fui con la impresión de que no están todos los que son ni son todos los que están.

Me fui satisfecho porque les miré a los ojos y me miraron a los ojos, y en esas miradas pude sentir su humanidad y su agradecimiento por creer en ellos y por tratarles como seres humanos, solo como seres humanos, sin ningún otro calificativo. Y me fui con el sentimiento de que nos queda mucho por hacer, y de que aquellos que hemos sido más afortunados con las cartas que la vida nos ha repartido, tenemos la gran oportunidad (yo lo siento como un deber) de compartir el juego con aquellos que no han sido tan afortunados. Me han invitado a volver, y volveré encantado a aportarles lo que pueda y a recibir todo lo que me quieran dar. Gracias amigos.